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miércoles, 19 de mayo de 2010

La puntualidad parece no existir


Romina Cabeza Izquierdo

Mi queja de esta semana va dirigida al trato que dan en ocasiones las compañías de autobuses. Pues bien, hace unos días me disponía a realizar mi pequeño viaje, y todo muy normal hasta que llego la hora de salida y empiezan aparecer esas sorpresitas que no te esperas. Pero no, no sorpresas precisamente buenas. La salida era “supuestamente”a las cinco de la tarde ¿y a que hora fue a salir? , para ser exactos a las 17: 35. Según explicaron el autobús tenia algún fallo, y yo me pregunto ¿esto no lo pudieron haber mirado con anterioridad? , nos hubiéramos ahorrado más de media hora de espera y no solo eso si no las voces de las señoras en tus oídos diciendo que tenían que llegar cuanto antes, si señoras yo también y no me dediqué a murmurar de un lado para el otro.
Pero esta no fue la única cuestión, una vez que ya por fin estamos dentro, me doy cuenta de algo que también quería mencionar desde hacia tiempo en alguna crítica. El tema es que me llama mucho la atención y por ello también quiero quejarme. Más de tres veces he escuchado a alguien preguntar al conductor dentro del autobús (ojo, en diferentes días) ¿me podría abrir la puerta del servicio? y todos contestan con un “no, porque es que está estropeado”. Entonces yo me digo que casualidad que siempre lo están, ¿cuándo los arreglarán? eso no se sabe, mientras recomiendo ir al baño antes de ir en autobús.

lunes, 17 de mayo de 2010

¡No se aparca en las rotondas!

Miguel Ángel Martín Martínez

Para la gente que normalmente coge el autobús 2321 desde Santutxu a la Universidad, la escena de un coche cortando el tráfico en medio de una rotonda, no les llama la atención. Puesto que en más de una ocasión el autobús ha tenido que parar unos cuantos minutos a que el propietario del vehículo llegara a su coche y lo moviera tras unos intensos minutos en los que toda la gente está pitando con el claxon.
Y es que estamos en lo de siempre. ¿Por qué la gente no hace lo que es debido en cada momento? ¿En qué momento el conductor se ha parado a pensar que lo que estaba haciendo era lo correcto? Si la gente estuviera más pendiente del resto y no iría por el mundo pensando solamente en sus cosas, nos ahorraríamos cosas como esta.
No ha pasado una vez, sino más de diez en todo lo que llevamos de curso. Y eso que no me paso todas las horas en el bus. Seguro que el conductor también está harto de esta situación. Y lo que verdaderamente me sorprende, es que dejan el coche aparcado en la rotonda con las luces de emergencia puestas, que indican que enseguida viene el conductor a retirar el vehículo, pero por mucho que pita todo el mundo por la congestión de tráfico que hay el conductor no aparece por ninguna parte.
Esperemos todos que esto se solucione, porque ya son muchos los minutos perdidos en esa rotonda. La solución que planteo, ya que los conductores siempre hacen y harán lo que les da la gana, es que el autobús no circule por la rotonda, ya que es una vuelta que se podría evitar.

domingo, 25 de abril de 2010

Agonizante viaje en autobús

Maider Gamito
El día que más calor hizo la semana pasada, tuve la mala suerte de coger el peor autobús que habría en todo Euskadi para llegar hasta la universidad. Hacía un calor bochornoso, de estas veces que te da la sensación de haber perdido el tiempo duchándote, ya que al minuto de estar en la calle vuelves a sentirte pegajoso.
Cuando subí al autobús dirección UPV (Compañía Bizkaibus), sentí más calor aún que en la parada, es decir, el aire acondicionado no estaba puesto. Después de coger sitio entre tantos estudiantes, escuché decir a alguno que le había pedido por favor al conductor que conectase el aire porque era insoportable, pero parece ser que no funcionaba y que además, la calefacción estaba puesta y al igual que el aire no se podía poner, la calefacción no se podía desactivar. Así que el conductor no tenía la culpa. Yo de vez en cuando miraba la cara del chofer por el retrovisor y se le notaba que además de estar cabreado porque le habían asignado un bus estropeado, se estaba también muriendo de calor igual que el resto. Además de no disponer de aire acondicionado, el autobús estaba en bastantes malas condiciones: Los asientos eran incomodísimos y la tapicería de la mayoría de éstos estaba rasgada hasta el punto que la espuma que contienen dentro los asientos, estaba a la vista.
No entiendo como pueden poner a disposición de la gente transportes públicos que no estén en buenas condiciones. Además, no es nada barato para que tengamos que viajar un día de calor sin aire o un día de frío sin calefacción, entre otras muchas cosas. Y ahora que hablo del precio del transporte público en general, decir también que me parece vergonzoso que los estudiantes no tengamos un bono anual con el que nos resulte más económico viajar diariamente. ¡No lo entiendo!.

lunes, 29 de marzo de 2010

Los contras del transporte público.

Arianne Luis García
Que se fomente el uso del transporte público me parece genial, pero quizás si el servicio fuese un poco mejor, la gente se animaría más a cogerlo. No todo son beneficios como nos quieren hacer creer. Entre los contras están en primer lugar los precios, depende del número de autobuses o metros que tengas que coger a la semana, a fin de mes te das cuenta de que te has dejado un pastón en viajes.
En segundo lugar, la poca paciencia que tienen los conductores de autobuses. No te ha dado tiempo casi a montarte en el autobús y ya lo han puesto en marcha, con las complicaciones que esto implica, tener cuidado de no caerte, buscar sitio, no quedarte enganchado entre dos asientos... Po otro lado esta lo que es el viaje en si. Algunos conductores circulan de bastante mala manera, dando un montón de frenazos, demasiado rápido, etc. Así que muchas veces al llegar a tu destino, tienes un mareo impresionante.
El metro no es mucho mejor, debe ser que siempre lo cojo en hora punta, pero creo que a todas horas es igual. Siempre hay un montón de gente. Si no te montas en la primera parada, ten por seguro que te va a tocar realizar todo el viaje de pie, rodeado de un montón de gente, todos pegados como si fuese una lata de sardinas, manteniendo el equilibrio durante todo el viaje.
Para que vayamos más en transporte público, no estaría de más que mejorase un poco, todos iríamos mucho más felices.

domingo, 21 de marzo de 2010

Cuando llega mi parada...

Maider Gamito
Seguro que no soy la única que ha sentido esa tensión cuando vas en un autobús de línea, y sabes que en breves momentos tienes que buscar un timbre para indicarle al chofer que te quieres bajar. Y yo me pregunto… ¿Porqué no tiene cada asiento su propio timbre? No entiendo. A lo mejor exagero, pero cuando el autobús va lleno de gente y ves que queda poco para tu parada, empiezas a ponerte nerviosa y miras al techo del bus buscando apurada el timbre más cercano.
Lo mejor de todo es cuando tu cara de angustia te delata ante el resto de pasajeros que se dan cuenta rápidamente de que quieres tocar el timbre pero que te pilla lejos. Te das entonces cuenta de que alguien que tiene el timbre encima de su cabeza, te ha mirado y crees que te hará el gran favor de tocarlo por ti, pero ves que tu parada cada vez está más cerca y que ese individuo/a no reacciona. Entonces te levantas de mala leche, recorres todo el pasillo del bus, y cuando por fin vas a pegar el dedo al timbre…. ¡TIN –TON! Alguien se te adelantó. Entonces te quedas con cara de gilipollas y piensas… ¡Con lo fácil que sería si cada asiento tuviera su botoncito!