NATXO UGARTE BARAKALDO
En cada evento deportivo, mucha importancia se da a la nacionalidad de los deportistas. La polémica cubre en cada Olimpiada o campeonato futbolístico a todos aquellos con pasaportes de doble procedencia. Basta con que un futbolista nacido en Brasil, se nacionalice Español para que se monte el quilombo del año por saber con que selección debe o no participar. La historia está repleta de deportistas que han sufrido grandes castigos por esta razón.
Di Stéfano pasó de héroe a villano en Argentina por defender los colores de la selección Española a partir de su paso por el Real Madrid. La saltadora de longitud Niurka Montalvo, fue vetada en Sidney 2000 por la Federación Cubana de Atletismo como represalia por decidir defender la bandera de España. Más reciente es el caso del futbolista culé Bojan Krkic quien pese a su nacimiento en Lérida, la procedencia de su padre le otorgaba la nacionalidad serbia y stuvo a punto de costarle un Mundial en las categorías inferiores. Sin embargo uno de los casos más dramáticos fue el de Matthias Sindelar, el Austriaco de Papel, quien a su negativa de competir para la selección alemana después de que ésta ocupara Austria en la Segunda Guerra Mundial, le sobrevino una trágica muerte en extrañas condiciones. Más tarde se supo que el régimen Nazi acabó con él y su mujer en 1939. Sin embargo, en medio de esta hoguera por la defensa nacional, hay unos protagonistas principales que se salvan de la quema. Y no sólo eso, sino que saltan las llamas cuantas veces quieren: los entrenadoes.
Los entrenadores forman parte directa del éxito de un deportista o un equipo. Pese a esto, la normativa de nacionalidad que debe cumplirse con sus pupilos, para ellos no existe. De las 32 selecciones que participan en el Mundial de Sudáfrica, sólo 19 tienen entrenadores nativos. Curiosamente, seis de ellas son las que aún hoy siguen con opciones de llevarse el título, por lo que parece que para el exito, es necesaria como si una fé de sangre se tratase, la pureza nacional del entrenador.
sábado, 3 de julio de 2010
miércoles, 30 de junio de 2010
La tecnología en el fútbol no es un avance
NATXO UGARTE BARAKALDO
A raíz de los fallos arbitrales en el presente Mundial de fútbol, mucho se está hablando de incluir tecnologías para resolver acertadamente las jugadas dudosas. Los métodos son incontables: GPS, radar, satélite, láser, videorrepeticiones, etecé! Demasiadas chorradas diría yo. La grandeza del fútbol no sólo se nutre de los fallos y aciertos de jugadores o entrenadores, sino también de las pifias arbitrales. Los errores arbitrales hacen aleatorio el resultado de cualquier partido. Elevan a la exponencia más polisémica aquella reflexión de 'fútbol is fútbol' que bien asintió el cosaco Vujadin Boskov.
Puede que este punto de vista no comulgue mucho con el futbolista, entrenador o aficionado, pero al periodista le sirve de filón para destilar líneas y líneas el día siguiente en su artículo (y lo digo como futbolista, entrenador, aficionado y sobre todo, como periodista). Pese a que la falta de tecnología arbitral haya echado a España de tres mundiales (en Mexico'86 con el gol de Michel; en USA'94 con el codazo de Tassoti a Luis Enrique, y en Corea y Japón'02 con los garrafales fallos de Al Ghandur), sin ellos nos quedaríamos sin qué hablar.
Rearbitrar un fallo arbitral, podría equipararse a repetir el fallo de un jugador hasta que marque gol. ¿Que un delantero s resbala en un panalti? No pasa nada, se analiza el tiro en el videomarcador, y se repite. ¿Que un defensa se tropieza en el despeje? No cunda el pánico. Videomarcador y esta vez patadón a la grada. Puede que yo tan sólo sea un romántico, pero por culpa por la tecnología arbitral, el quinto mágico del fútbol, Zinedine Zidane, no habría abandonado los terrenos de juego por la puerta de atrás, ya que su expulsion de la final del pasado Mundial fue rearbitrada por el cuarto trencilla gracias a la video repetición. Otro ejemplo es el gol no adjudicado a Lampard del otro día. La falta de recursos tecnológicos permitió a Alemania cobrarse la revancha histórica del no-gol de Hurst que dio el Mundial de 1966 a Inglaterra. El fútbol es perfectamente imperfecto, y como tal, así debe comportarse. Con todas sus consecuencias.
::VIDEO:: Gol de Lampard a Alemania (2010) y no-gol de Hurst a Alemania (1966)
A raíz de los fallos arbitrales en el presente Mundial de fútbol, mucho se está hablando de incluir tecnologías para resolver acertadamente las jugadas dudosas. Los métodos son incontables: GPS, radar, satélite, láser, videorrepeticiones, etecé! Demasiadas chorradas diría yo. La grandeza del fútbol no sólo se nutre de los fallos y aciertos de jugadores o entrenadores, sino también de las pifias arbitrales. Los errores arbitrales hacen aleatorio el resultado de cualquier partido. Elevan a la exponencia más polisémica aquella reflexión de 'fútbol is fútbol' que bien asintió el cosaco Vujadin Boskov.
Puede que este punto de vista no comulgue mucho con el futbolista, entrenador o aficionado, pero al periodista le sirve de filón para destilar líneas y líneas el día siguiente en su artículo (y lo digo como futbolista, entrenador, aficionado y sobre todo, como periodista). Pese a que la falta de tecnología arbitral haya echado a España de tres mundiales (en Mexico'86 con el gol de Michel; en USA'94 con el codazo de Tassoti a Luis Enrique, y en Corea y Japón'02 con los garrafales fallos de Al Ghandur), sin ellos nos quedaríamos sin qué hablar.
Rearbitrar un fallo arbitral, podría equipararse a repetir el fallo de un jugador hasta que marque gol. ¿Que un delantero s resbala en un panalti? No pasa nada, se analiza el tiro en el videomarcador, y se repite. ¿Que un defensa se tropieza en el despeje? No cunda el pánico. Videomarcador y esta vez patadón a la grada. Puede que yo tan sólo sea un romántico, pero por culpa por la tecnología arbitral, el quinto mágico del fútbol, Zinedine Zidane, no habría abandonado los terrenos de juego por la puerta de atrás, ya que su expulsion de la final del pasado Mundial fue rearbitrada por el cuarto trencilla gracias a la video repetición. Otro ejemplo es el gol no adjudicado a Lampard del otro día. La falta de recursos tecnológicos permitió a Alemania cobrarse la revancha histórica del no-gol de Hurst que dio el Mundial de 1966 a Inglaterra. El fútbol es perfectamente imperfecto, y como tal, así debe comportarse. Con todas sus consecuencias.
::VIDEO:: Gol de Lampard a Alemania (2010) y no-gol de Hurst a Alemania (1966)
domingo, 27 de junio de 2010
...realidades...
Hace unos días me di cuenta de que últimamente dedico las entradas del blog al mundo del desvarío personal. Pero es que es simple, sirve para evadirse, para tratar temas tormenta, para buscar polémicas privadas. Es lo que es y, a muchos, nos va la vida en ello. Es un mero entretenimiento. Y es que sumergiéndome, solo intento alejarme de la realidad social y política que me envuelve.
Ver un telediario se convierte en un ejercicio de masoquismo. Violencia, corrupción, pobreza, intolerancia… todo son malas noticias. Una ya se cansa de Gürtel, de que la prensa rosa sea premiada y reconocida, de que la derecha europea le siga riendo las gracias a Berlusconi, de que las farmacéuticas, apoyadas por la alta política, se hicieran de oro vendiéndonos la moto con la Gripe A, de que se ponga el grito en el cielo al intentar subir los impuestos a Cristiano Ronaldo y compañía, de que el mundo siga dando la espalda al pueblo saharaui…
Son muchos temas los que me han rondado la cabeza en el último año. Pero era más trivial hablar de mis cosas. Sin embargo, hoy es un buen momento para reflexionar. Allá por noviembre, casi aún en principios de curso, se celebró en Roma la ‘Cumbre del Hambre’. Una oportunidad para, simplemente, dar la cara, dejarse ver ante el mundo e intentar aparentar que se está intentando hacer algo.
Pero no. Los grandes dirigentes mundiales debieron pensar que eso no iva con ellos. Ninguno ha acudido a la Cumbre. Lo recuerdo entre los comentarios de las cañas de jueves. Le dieron la espalda a la realidad mundial, a mil millones de personas que sufren hambre en nuestro planeta, a una situación que hace que todos nuestros problemas parezcan de chiste. Ni siquiera se preocuparon en ponerse para la foto.
Los grandes se desentienden de un mundo que ellos han creado. Intervienen en guerras por petróleo, imponiendo gobiernos corruptos a su servicio, firmando acuerdos de cara a la galería o dictando aquí y allá que es lo que se debe y lo que no se debe hacer. Los intentos por reducir las desigualdades, por hacer un mundo mejor, no tienen cabida.
Para lo bueno y para lo malo, todo ha sido modelado por las grandes potencias. Unas potencias que volvieron a ocultarse ante aquello que habían contribuido a crear. Mientras, seguirán muriendo millones de personas por hambre en la tierra, y se lavarán sus conciencias con las ayudas puntuales que se destinan a labores humanitarias. Parches y más parches, sin un proyecto estructural y a largo plazo que ayude al crecimiento de los países más pobres. Interesan más calladitos, dependientes. Y nosotros, de crisis.
De limpio
Mª Jesús Serrano
La queja de hoy va dirigida a los nuevos contenedores de basura que ha instalado el Ayuntamiento de Bilbao. Su gran tamaño permite albergar mayor cantidad de residuos, evitando con ello que muchos ciudadanos decidan depositar éstos en el exterior del contenedor, pero trae añadido unas dificultades de uso debido a sus dimensiones.
Es difícil accionar la barra metálica que hace de palanca, ya que el peso de la tapadera requiere mayor esfuerzo para abrirla, por lo sería necesario realizar un salto a cuerpo completo para conseguir la presión adecuada que permita elevarla, al tiempo que ésta parece darte en la cara.
Por otro lado, tampoco es raro en los días de lluvia que la presión ejercida para abrir el cubo proyecte el agua que los baña, así como su altura invita a encestar la basura más que a depositarla.
...balonazos...
Ana García Echevarría
No hará mucho que un amigo me comentó, entre café y cigarrillo, que se había puesto de moda aquello de “si algo no me gusta, monto un grupo en Facebook”. Su queja no carecía de argumentos, tampoco de razón, pues bien parece que con sumarnos a una movilización mundial podremos llegar a cambiar el mundo. Sin embargo, mejor hacer eso que nada. Algunos temas han conseguido llegar a la sociedad, ser conocidos o denunciados. Tenemos el grupo “yo también creo que las palomas traman algo”, pero también los hay que merecen la pena. Hace unos meses fundaron una de estas iniciativas a tener en cuenta bajo el titulillo “Queremos una prensa deportiva inteligente”. Todo apunta al miedo colectivo viendo que, de un tiempo a esta parte, los diarios deportivos están tomando un rumbo bastante peligroso. Rozan el amarillismo más extremista. Siempre tiró cada uno por su lado, pero nunca con tanto énfasis por despreciar al contrincante. Asusta. Ya no interesa el fútbol y los otros deportes nunca han importado demasiado. La competición parece una escusa, sólo importa el circo que se mueve alrededor de unos colores. Los periódicos llegan a ser medios oficiales, resultando imposible encontrar simples críticas a Florentino o a Laporta en cada uno de los diarios que ‘manejan’. Por eso debería ser obligatoria una prensa deportiva que dejase de lado posiciones tan partidistas y fanáticas. La opinión y la crítica siempre son necesarias, pero sin contaminación ni intereses ocultos. Una prensa de calidad. Al menos, como pide el grupo de Facebook, una prensa que “no nos tome por idiotas”. En nuestros medios existen firmas más que consagradas que demuestran que el deporte y la buena información no tienen por qué estar reñidos. Pero la realidad es otra. El futuro de un periódico ‘inteligente’ sería muy complicado. Y es que la gran mayoría de consumidores de prensa deportiva demandan la información que los diarios ofrecen. Los lectores de Marca cada día son más, pese a la deriva radical que está tomando el periódico. Los otros diarios siempre han sido así. España está llena de ultras en todos los ámbitos. La política y el deporte los más claros ejemplos. Y por desgracia, ellos parecen ser mayoría.
...Volver...
Ana García Echevarría
Echar la vista atrás, cerrar los ojos y volver a dónde un día te llevaron de la mano. Mis vacaciones en familia fueron siempre del norte. Aquel pueblo pesquero olía diferente. Nuestros días de costa y calabobos tenían un algo que aún soy capaz de notar. He guardado muchos detalles de sus rincones y mantenido la promesa de volver. Hoy no mido lo que medía entonces. Entonces, mi cuerpo entraba en los cachivaches del tiovivo que han sustituido por una explanada para aparcamientos. La barandilla barroca del paseo había desaparecido. Ahora es una moderna estructura metalizada, de un material muy similar al de los bancos de la plaza central, antes de madera y considerablemente más acogedores. La taberna del pescador tenía una piscina de cigalas sin fondo que hoy me llegaba a la altura de la rodilla. En aquella villa marinera me compraron mi primer bañador, en una mercería que vendía ropa interior para mujercitas. La tienda había cerrado para dejarle la parcela a una sucursal bancaría de corte futurista. Toribio manejaba el cotarro del hostal de carretera, su mujer mandaba en las cocina, los hijos del matrimonio atendían a la clientela y sus nietas me llevaban después de cenar a jugar con sus trastos. Los veteranos sólo se pasan por el negocio familiar de visita porque toda responsabilidad laboral está ya en la segunda generación. Una de las nietas, que trabaja en un gabinete de abogados en Barcelona, había vuelto para la boda de su mejor amiga. ¿Cuánto queda de aquel esperado lugar? Posiblemente la esencia y el recuerdo. Todo cambia en evolución, pero sigo enamorada de la bohemia del antaño. Hay cambios por naturaleza evitables, pero los hay de error prescindible.
jueves, 24 de junio de 2010
El cántaro de Italia se ha roto de tanto ir a la fuente
NATXO UGARTE BARAKALDO
"Ufff..." Así, aliviados, al unísono resoplamos todos cuantos ocupábamos el bar de Julio en el instante en el que Howard Webb pitó el final del partido. Italia había caído 2-3 contra Eslovaquia y estaba fuera del Mundial en la fase de grupos. Algunos agoreros y diezmados de espíritu (entre los que se incluye un servidor) pensábamos que de nuevo, la Azzurra lograría clasificarse del mismo modo que me estoy sacando yo la carrera de periodismo: apelando a la ley del mínimo esfuerzo. Pero no. Esta vez no. Ufff... (otra vez).
Aún no lo sabemos, pero estamos ante el final de una era. Se ha roto un maleficio (un bueneficio si es usted italiano). Y me explico. Italia, es la única selección capaz de salir campeona de un Mundial ganando sólo cuatro partidos de siete disputados. La única capaz de clasificarse para la fase final de la Copa del Mundo sin ganar ni un sólo partido de la fase previa. La única capaz de marcar un gol en el minuto 1, y aguantar con ese resultado sin tener la posesión del balón. La única capaz de desmontar la teoría aquella del malogrado juanito que decía: "90 minuti son molto longo". Pero es que ese es su estilo de juego. De hecho, ese modo de jugar, es conocido por un nombre italiano, il Catenaccio. Y eso le ha valido a la tetracampeona del Mundo para ser eso, tetracampeona del Mundo. Sin embargo esta vez no tocaba.
Italia ha caído del fino hilo por el que acostumbraba a hacer piruetas con los ojos cerrados. Y eso que en el último minuto del tiempo añadido, allá por el 96, ha podido llegar el gol de la clasificación en una clarísima ocasión, pero no. No era el día, algo ha cambiado. Italia ya no será campeona, y es que, tanto va el cántaro a la fuente, que al final termina rompiéndose. O como diría Juanito: "Tanti arriva il cantaro a la fontana qui finaliza quebrando".
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

