domingo, 13 de junio de 2010

...rebelión en la granja...

Ana García Echevarría

Algo se cuece en el gallinero universitario, algo demasiado oído y poco escuchado. Y yo, soy la primera ignorante parcial. Bolonia se presenta hoy como un cantautor encima del escenario, a expensas de críticas y aplausos que no condicionarán su existencia, sin embargo, muy a grandes rasgos sé cómo es la universidad del plan Bolonia. La culpa de un encogerse de hombros en señal de esa ignorancia podemos echársela al desinterés mayoritario que caracteriza a gran parte del alumnado. Informarse es una labor absolutamente personal y el interés de cada uno algo selectivo. Siento encima de los hombros un giro de tuercas a la rutina universitaria, con motivaciones y cambios que azotan a muchas caras de rechazo. Es de suponer. Ahí va uno de sus puntos criticados y señalado con mi propio dedo del interés selectivo. La evaluación se determinará atendiendo a los resultados de mi trabajo durante el curso. Un seguimiento diario del trabajo personal del alumnado mediante evaluaciones continuas, actividades no presenciales y trabajos en grupo, muy bien apoyado en el uso de todas las posibilidades que ofrecen Internet y las nuevas tecnologías TIC. No será cuestión de jugárselo todo en una primera y última batalla de conocimientos sobre papel pero, lo que por un lado me consuela, por el otro me ahoga. Rebelión en una granja donde los hay estudiantes y trabajadores. Seré entonces una super mujer con el poder de división física que me piden, multiplicaré las horas del día, no añoraré el tiempo libre y dejaré de tener vida social. Lo haré así porque no quiero dejar de luchar por mi futuro. Lo haré porque sin dinero no como. Y no me quejo, para nada.

sábado, 12 de junio de 2010

Mala pata

Mª Jesús Serrano Narváez

Así podemos definir la primera pisada con que muchos alumnos/as nos encontramos a la hora de acceder al campus de la
U.P.V. , y no es que carezca de asfalto, sino que las nuevas paradas de autobuses no han sido diseñadas para un lugar que se caracteriza por sus contínuas precipitaciones. Resulta llamativo, ya que unas breves líneas trazadas con brocha y acuarela son suficientes para delimitar las distintas paradas que componen el servicio de transporte del campus, un diseño rápido y económico, sí, pero que no han tenido en cuenta si quiera el hacer coincidir los emplazamientos de bajada de los urbanos con esas baldosas perforadas que adornan sobre la maleza a modo de parabarros. "He empezado con mal pie", podríamos pensar ese día que llueve a cantaros, llegas tarde, bajas corriendo y ¡zas!, tu zapato negro adquiere un tono terrizo.

...acomodado silencio...

Ana García Echevarría

¿Hasta cuándo puede una persona tolerar las injusticias del ser humano? Posiblemente, hasta que su propio vaso de desborde. Hemos crecido en la posguerra que nos dejó la lucha por las libertades y derechos que todo individuo merece en la única vida que ha de vivir. Pero no estamos acostumbrados a la memoria histórica. Volver la vista atrás es algo selectivo, puntual, por conveniencia. La injusticia sigue latiendo en el sistema motor de esta sociedad y “donde hay poca justicia, es un peligro tener razón”, lo dijo Quevedo. La palabra tiene el mismo impacto que un puñetazo en la cara y, en base a eso, las dos opciones de respuesta parecen ser válidas. La agresión física, entre los que transitamos por este mundo, ha llegado a ser algo tan rutinario como amoral. Y, ¿qué hacemos como sociedad? Prácticamente nada. Ni siquiera podemos respaldarnos en su antónimo ‘justicia’. Sin embargo, nos avala un pasado de voces. Luchas de palabra que se envalentonaron a gritar que nos estábamos equivocando. Y en recuerdo a los que un día hablaron, hoy me da por hablar. Martin Luther King desarrolló una labor crucial en Estados Unidos al frente del Movimiento por los derechos civiles para los afroamericanos. Su guerra estaba encaminada a terminar con la segregación y discriminación racial a través de medios no violentos. Lo asesinaron cuando se preparaba para liderar una manifestación en Memphis. Fue él quien dijo, “la verdadera tragedia de los pueblos no consiste en el grito de un gobierno autoritario, sino en el silencio de la gente”. Creo en la no violencia, creo en las personas y quiero creer que aún podemos hacer algo por este desastre que hemos fecundado, llevado dentro y parido. Permitir una injusticia solo abrirá camino a las que le seguirán. Víctimas y verdugos podremos presumir de revolución a nuestra manera, pero, haciendo uso de una cita adjudicada al Che, la cualidad más linda de un revolucionario es ser capaz de sentir, en lo más hondo, cualquier injusticia cometida, contra cualquiera y en cualquier parte del mundo. Podemos quejarnos constantemente por todo pero no se hasta qué punto sirve para algo, en una sociedad donde la responsabilidad y la culpa se delegan en otros sin pudor. Así pues, la revolución que necesitamos como sociedad ha de surgir de los sentimientos violados por nuestras propias maldades. Hablar por derecho, hablar con principios, hablar con ética, denunciar lo denunciable y demostrar que, si el cambio está en nuestras manos, nuestras manos moldearan el barro que hoy sigue ensuciando esta existencia. Hagamos uso de las palabras con las que Barack Obama se ganó a un país, por si podemos terminar ganando algo.

viernes, 11 de junio de 2010

Quejarse de vicio

María Jesús Serrano Narváez

Mi primera entrada es, como no podía ser de otra manera, y como han expresado ya en otras ocasiones el resto de compañeras y compañeros; el quejarme de la obligación de tener que quejarme tre veces por semana, ahora que están los últimos exámenes y que ha concluido el curso. Aunque también podría haberlo hecho durante éste, claro.
Pues eso, a falta de inspiración para la escritura y pululando por mi cabeza conceptos relacionados con el derecho de la información, una se pregunta cómo puede rellenar estas líneas que he escribir, aunque temas por los que quejarse no falten. Pues va relacionado con los contenidos de esta asignatura, ya que este uno por ciento de la nota me hubiera gustado mucho si mi afición se declinara por las nuevas tecnologías, las redes sociales, los chateos, los foreos y demás, pero como no es el caso, pues ahí va esta entrada tan laxa.

Insolidaridad a 8000 metros

NATXO UGARTE BARAKALDO

El montañismo en el norte de España es más que un hobbie, más que un deporte. Es una cultura. Tradicionalmente, el pueblo vasco en particular y las regiones que comparten la cornisa cantábrica en general, han sufrido una fuerte atracción por el alpinismo y han engendrado a una gran camada de escaladores profesionales. Juanito Oiarzabal, Edurne Pasaban, Juanjo San Sebastián o Jorge Egocheaga son algunos de ellos. Esta adicción por las alturas se debe -según ellos- a la fraternidad y solidaridad que se mezclan en una situación límite donde la muerte forma parte del juego. Y la vida humana está tan expuesta a la benevolencia de la montaña, que raro es el alpinista profesional que no ha visto morir a algún compañero y que se ve obligado a abandonarlo en plena montaña por la imposibilidad de descender con él a cuestas. Es por ello que esta pasión por las montañas se convierte a menudo en un amor que mata.

Para hacernos una idea, a fecha de hoy, hay más de 40 cadáveres dealpinistas en los últimos 800 metros del Everest (y eso que la montaña más alta del planeta no es la más peligrosa). Muchos de estos escaladores perecidos forman parte de un macabro atrezzo de camino al Techo del Mundo, ya que se encuentran en la misma ruta de escalada por la que pasan los escaladores. Uno de los cadáveres más conocidos es "el saludador", a quien la muerte dejó un gesto de bienvenida (foto 1). Otro es el de la japonesa Shiroko Ota (foto 2), quien aún cuelga de la cuerda que debió ayudarle en el descenso. Y otro el de Peter Broadman, quien perdió la fuerzas en pleno descenso en 1982, y comunicó al Campamento Base que se quedaba "allí para siempre, disfrutando del paisaje". Tal y como le encontraron diez años después (foto 3). Esos cuerpos nadie los retira. La falta de oxígeno lo convierte en un verdadero problema, y pocos están dispuestos a asumir ese riesgo.


Uno de los casos más sonados fue el de David Sharp, quien se detuvo para tratar de reponerse. Sharp era ya otra figura más de este necrológico Belén, pero él no lo sabía. Hasta 40 alpinistas pasaron por su lado mientras agonizaba. El neozelandés Mark Inglis se acercó a ayudarle pero ya era tarde. Sharp había muerto por falta de oxígeno sin que ninguno de los muchos escaladores que pasaron a su lado moviera un dedo por ayudarle. Alguien que pasaba por allí grabó un vídeo, que pronto emitirá el Discovery Channel, en el que Sharp explica que se está muriendo. “Mi nombre es David Sharp –repite el muchacho– estoy subiendo con asiáticos y solo tengo ganas de dormir".
::VÍDEO::
HISTORIA DE LA MUERTE DE DAVD SHARP (INGLÉS)

La muerte de Sharp habría sido fácilmente evitable y ha conseguido sacar de sus casillas a los mejores alpinistas del mundo. Escaladores de la talla de Edmund Hillary critican duramente las expediciones comerciales que han tomado el campo base del Everest y "que sólo se preocupan de subir a sus clientes sin importarles si se dejan a alguien en el camino".Su cuerpo sigue allí arriba, junto a una roca a unos 8.000 metros de altura, justo en el límite de lo que se conoce como 'la zona de la muerte'.

El milagro de Lincoln Hall
Otro de los escándalos fue el fallecimiento virtual del australiano Lincoln Hall -El Muerto Viviente del Everest, como le bautizó la prensa inglesa-. Lincoln sufrió un ataque tras hollar la cima y afrontaba serias alucinaciones. Tras dos horas sin signos de vida, y en medio de una intensa tormenta que se desató, fue dado por muerto y abandonado a 8.700 metros por orden expresa del jefe de la expedición, que exigió a los sherpas retroceder al campo 3, ya que ellos mismos corrían serio peligro por falta de oxígeno y ceguera. Cuando llegaron al campamento se comunicaba a la prensa el fallecimiento de su compañero.
Sin embargo, a la mañana siguiente sucedió el milagro. Un equipo estadounidense liderado por Dan Mazur encontró con el cuerpo de Lincoln a 8.700. Estaba sentado, cabizbajo, con la piernas cruzadas, sin guantes, con el mono bajado hasta la cintura y el torso desnudo. No tenía ni gorro, ni gafas, ni mascara de oxigeno, ni botellas, ni saco de dormir, ni mantas, ni cantinplora de agua. Al llegar a su altura, Lincoln de repente levantó la cabeza y espetó “les sorprenderá verme por aquí”. Sin tiempo que perder, Mazur se comunicó con el Campo Base: "Lincoln ha sobrevivido a una noche al raso a 8.700 metros, sin oxígeno, sin agua, sin ropa de abrigo, y tiene un posible edema cerebral". Y ahí sí hubo reacción y surgió la solidaridad. Hall fue rescatado para contarle a su esposa que tenía "cuerda para rato".

Mazur tomó esta foto de Hall poco después de encontrarlo cerca de la cima. Alucinando, sonreía a pesar de estar al borde de perder todos los dedos de pies y manos.


De hecho, la impresionante resistencia de Hall deja sin respuesta una serie de cuestiones inquietantes. ¿Y si algunos de los fallecidos en el Everest no hubiesen muerto tan rápidamente como se pensó? ¿Y si algunos que fueron ignorados por otros a lo largo de estos años, no estaban del todo perdidos.

Lo que queda claro es que los ejemplos de solidaridad que dieron las expediciones de Tolo Calafat hace más de un mes, la de Iñaki Ochoa de Olza en 2008 y la de Atxo Apellaniz en 1994, están cada vez más fuera de moda.
::AUDIO::
HISTORIA DE LA MUERTE DE ATXO APELLANIZ
::VÍDEO::
HISTORIA DE LA MUERTE DE IÑAKI OCHOA DE OLZA



jueves, 10 de junio de 2010

...ramera...

Ana García Echevarría

Nuestro lenguaje sexista es así de sencillo. Los calificativos que adjudicamos a hombres y mujeres reflejan estereotipos de unas y otros y la semántica puede cambiar el sentido de un término según a quien se refiera. Lo que nos gusta es cojonudo, lo que no, un coñazo. El zorro sigue siendo un héroe...la zorra una "ramera". Este vocablo en concreto y en castellano aparece registrado por vez primera a finales de siglo XV. Es ejemplo La Celestina (1499) de Fernando de Rojas. “Esta mujer es marcada ramera, según tu me dijiste, cuanto con ella te pasó has de creer que no carece de engaño. Sus ofrecimientos fueron falsos y no sé yo a que fin”. El que hoy es sinónimo de tantos, insulto hacedero a cualquier nombre de mujer, tiene su historia. Nos reubicamos en los finales de la Edad Media española. Por entonces se había asentado la costumbre de colgar un ramo en la puerta de entrada a las tabernas, con el inocente propósito de exteriorizar que aquella no era la entrada a una vivienda particular. Una llamada a los clientes cuanto menos natural. La sociedad de la época empezaría, por esta razón, a hacer uso de una palabra que, a sus oídos, sonaba más púdica que la tradicional “prostituta”, para referirse en exclusiva a las féminas que se dejaban caer por aquellos lugares de preferencia masculina. Lo leí hace ya algún tiempo, en el escondite digital de las letras de Isa, una de esas grandes personas. Es solo una parte fea de la herencia que le quedó a nuestro diccionario. Así consta para la Real Academia de la Lengua. “Ramera (de ramo): mujer cuyo oficio es la relación carnal con los hombres”. Y así, nuestra sociedad del avance se quedó atrapada en el pasado. Nuestra superación, como únicos responsables de los pasos hacia delante, sigue perpetuando prejuicios sexistas, pero...¿y si lo dejo caer?.

Imagen: Prostíbulos de Storyville (Nueva Orleans, Estados Unidos, hacia 1912), fotografía de E. J. Bellocq.

Bilbao pasa del 'fútbol-street'


NATXO UGARTE BARAKALDO

Edificio, calle, edificio, calle, edificio, ría, edificio. Ésta puede ser la secuencia 'tipo' de cualquier zona de Bilbao. Hace ya muchos años que sobre las calles del 'Bocho' desapareció la estampa del niño con el balón debajo del brazo y el bocadillo en la otra mano saliendo del portal. La capital vizcaína ha mutado en una superciudad llena de supertráfico, superempresas y superedificios superenormes. La dificultad para encontrar en Bilbao espacios libres es un hecho, y la negativa de los que mandan para destinar esas pocas zonas a áreas de recreo y deporte, una realidad. Y resulta paradójico que en este aspecto, el fútbol sea la actividad más damnificada. Y más en una ciudad que vive con suma fervoridad el deporte rey, ya que son las canchas de baloncesto las que se llevan la palma de la mano. Si el inventor de las favelas levantase la cabeza...